Cuando la frase: "acá siempre lo hemos hecho así" deja de ser un manual a seguir y se convierte en un peligro.
Una empresa familiar del sector industrial dedicó mucho tiempo a perfeccionar modelos de pronóstico elegantes y eficaces, lo que fundador diga se hace. El fundador demostró su eficacia durante recesiones y ciclos de auge, y era lo suficientemente fiable, pues era el único dueño. Se podía predecir la demanda con precisión y los cronogramas de producción funcionaban. La verraquera del dueño fundador se había convertido en la ventaja competitiva de la empresa, su motivo de orgullo, su brújula en un mercado incierto.
Entonces llegó la COVID-19. Después, las crisis de la oferta y, finalmente, la cada vez más sentida tendencia de regionalización. Los hábitos de consumo empezaron cambiaron a un ritmo superior. Competidores con infraestructura más ligera y menos sofisticados, estaban creciendo más rápido y ganando cuota de mercado.
Como es posible, el fundador no puede estar equivocado. Las cifras no podían estar equivocadas; habían sido fiables durante años. Cuando uno de sus hijos detectó millones en ingresos perdidos, la verdad se volvió ineludible: la empresa familiar ya no podía seguir así.
Lo que sucedió después revela un patrón que separa a las empresas familiares de las familias empresarias que integran el cambio y se aferran a lo que realmente importa de aquellas que se dejan llevar por la tradición y pierden de vista lo que realmente importa.
El instinto, cuando el fundador falla, es buscar ayuda. Esta empresa familiar reconoció que vivía dentro de un ciclo, no de un problema. La misma disciplina del fundador que había construido su ventaja competitiva era ahora su vulnerabilidad. Ya no bastaba con la calidad, la coherencia y la capacidad de respuesta, debían profesionalizar el negocio, separar las cosas y darse a conocer.
El psicólogo de Harvard, Robert Kegan, llama este cambio como "salir de uno mismo": y desarrolla la capacidad de ver lo obvio visible. Cuando se está dentro de una mentalidad, lo lógico parece evidente y funcionan porque siempre han funcionado así. Pero el crecimiento implica desarrollar la capacidad de observar el entorno y reconocer lo que antes servía, ahora nos limita.
Roger Martin, experto en estrategia, lo llama "pensamiento integrador": la capacidad disciplinada de mantener ideas opuestas en tensión y crear síntesis en lugar de tomar partido. No se trata de elegir entre datos e intuición, ni entre coherencia y adaptación. Se trata de reconocer que nos enfrentamos a una paradoja que exige un nuevo pensamiento y hacer, no solo mejorar el pasado.
El gran avance para la empresa familiar industrial se produjo cuando el fundador y su familia comenzaron a preguntarse entre ellos y a realmente comunicarse. Construyeron espacio o consejos de retroalimentación dinámicos que integraban el juicio humano y la expresión de cada miembro de la familia.
Este patrón aparece en todas las empresas familiares, cuando se dan cuenta de que han pasado muchos años y los hijos están fuera del país, los nietos y nietas crecen lejos, y todo lo que eso conlleva. Habían cimentado su reputación en controlar todo y a todos. La empresa familiar se expandió, recibiendo capas de complejidad, pero el fundador aún hablaba el lenguaje de la apertura. La confianza se desplomó incluso cuando los ingresos se dispararon. La paradoja era brutal, se estaba generando confusión y sobrecarga de información para todos.
El primer paso para afrontar este cambio sin perder la empresa familiar es reconocer cuándo las fortalezas empiezan a producir el efecto contrario al deseado. Ese hecho por sí solo no resuelve nada, pero cambia la pregunta de "¿Cómo trabajamos más duro?" a "¿Qué debemos cambiar en nuestra forma de trabajar?".
Reconocer es necesario, pero no es suficiente. La empresa familiar industrial no pudo actuar sobre su paradoja hasta que comprendió la brutalidad de los hechos y reveló verdades incómodas. El fundador y sus hijos contrataron un amigo para hacer una página web, desarrollaron sistemas de control y accionaron todo lo que los demás estaban haciendo, y se llenaron de coas que no entendían muy bien, pero que al final daban uno que otro resultado.
Hace poco más de un siglo, el filósofo John Dewey llamó esto como "el ritmo de la indagación": la idea de que nuestra comprensión debe moverse al mismo ritmo que la realidad recién descubierta.
Dewey rechazó la idea de la verdad como algo fijo y definitivo, viéndola, en cambio, como algo que debe probarse mediante la acción, la observación y la revisión. Como dice Alejandro Salazar, el hacer es lo que premia la caja. Y Peter Drucker. "Ser eficaz es el trabajo del ejecutivo. Y ser eficaz significa EJECUTAR. Tenemos que practicar la efectividad hasta que se convierta en un hábito".
Napoleón Bonaparte dijo "Los planes no sales como se planean. Ninguna de mis batallas exitosas se ganó de acuerdo al plan. Pero ninguna se ganó sin un plan" entonces la clave fue la estrategia, no el plan.
No se trata solo de buen liderazgo. Es cómo se construye algo duradero. Soltar el "acá siempre lo hemos hecho así".
Michael Hudson, Contributor. Michael Hudson is the CEO of Hudson Institute of Coaching