La literatura y la realidad sobre las empresas familiares que no piensan como familias empresarias es que el 70 % de su riqueza se pierde en la segunda generación y puede llegar a ser del 90 % en la tercera generación.
Este patrón ha sido documentado en muchos podcasts, en empresas de consultoría y en universidades del mundo; si no, pregunte en su IA preferida.
Lo que me inquieta es que el patrón persiste durante siglos; la Biblia lo muestra una y otra vez en el capítulo de Reyes y da muchos consejos, en Proverbios.
Este me impacta:
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Proverbios 11:28: “El que confía en sus riquezas caerá”
Se crean estructuras de gobernanza, fideicomisos, estrategias fiscales, programas educativos, tecnología, se crean vehículos de inversión cada vez más sofisticados, pero el resultado sigue siendo el mismo.
¿Por qué se mantiene el patrón?
Le echan la culpa a la falta de preparación, al derecho, a tener valores desalineados, a la adicción, al conflicto. No está mal; en parte sí, pero no responde al porqué.
Miremos detrás de la estructura
Al trabajar en la estructuración de estrategia de marketing y crecimiento para empresas familiares que quieren convertirse en familias empresarias, noto constantemente algo que mata todos los procesos.
Una energía que se hereda, un rastro, una cadena de heridas del pasado no resueltas o pendientes que no permiten que aflore la autenticidad y la conexión. Influyendo discretamente en la relación de la familia con el poder, la responsabilidad, el riesgo, la salud, la sabiduría y la riqueza.
Lo anterior suele ocultarse bajo la alfombra o bajo llave, pero tarde o temprano saldrá a la luz.
Estrés crónico
El estrés crónico, los traumas, lo que no se habla y el mantenerse en estado de supervivencia por demasiado tiempo alteran la expresión, la regulación del sistema nervioso, las emociones y más.
En otras palabras, lo que no se resolvió no va a desaparecer con el tiempo.
Este silencio o las heridas ancestrales tienen que metabolizarse o romperse de alguna manera.
El legado no es solo financiero o cultural; es biológico, neurológico, espiritual o energético.
La riqueza está en nuestro ser, no en los balances.
¿Cómo se expresa lo que no está resuelto?
Cuando lo que no está resuelto permanece activo en el ecosistema, se suele expresar así:
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Decisiones financieras autodestructivas o ciclos compulsivos de riqueza y apuestas.
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Adicción, insensibilidad o toma de riesgos extremos.
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Conflicto crónico en torno al control, la sucesión o la autoridad. Acá se hace lo que yo diga.
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Agotamiento, colapso o evasión de la responsabilidad de liderazgo.
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Patrones recurrentes de enfermedad, incluyendo enfermedades autoinmunes, afecciones neurológicas, demencia o diagnósticos terminales
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Conjuntos estadísticamente improbables de «mala suerte»: muertes súbitas, accidentes inesperados, crímenes violentos o pérdidas catastróficas.
- Divorcios: hijos criados en solitario.
- Ego y orgullo.
- Y más…
Intentos de descargar energía no resuelta, restablecer el equilibrio o traer a la conciencia material enterrada para poder sanar.
La planificación tradicional no puede alcanzar estos momentos, no por falta de sofisticación, sino porque no compara las realidades más profundas del ser. No fue diseñada para considerar a la persona en su totalidad: identidad, trauma heredado, dinámicas relacionales, experiencia vivida y el entorno a través del cual surgen las decisiones.
La riqueza no protege a las familias de estos desequilibrios, sino que los amplifica.
El capital no mata las dinámicas no resueltas, las amplifica. Todo lo que permanece sin resolver, debajo del tapete o bajo llave dentro de un sistema familiar toma cada vez más fuerza, alcance y consecuencias a medida que aumenta la riqueza. El dinero es un acelerador, intensifica silenciosamente la inestabilidad con el tiempo en lugar de amortiguarla.Entonces la sucesión y el legado, desde esta punto de vista, no es simplemente una transacción legal o financiera. Es una transferencia de poder, identidad, responsabilidad y autoridad que el ser debe ser capaz de sostener. Cuando esta transferencia no se hace conscientemente, la riqueza se convierte en una carga, en una maleta o en roca pesada, en lugar de una fuerza estabilizadora.
Entonces, una familia empresaria tiene tanto preparación interna como estructura externa. La gobernanza puede guiar el comportamiento, pero no puede sustituir la coherencia de las personas que deben tomar decisiones bajo presión, visibilidad y consecuencias.
El dinero en sí no es solo capital. Es una acumulación de intercambio energético: una moneda de relación, intención, responsabilidad y poder. Como el agua que fluye libremente, siempre buscará el equilibrio. Donde existe desequilibrio, el dinero se mueve de maneras que intentan restablecer el equilibrio, a menudo mediante pérdidas, volatilidad o colapso.
El legado, por lo tanto, depende no solo de instrumentos y estrategias, sino también de la salud energética y la coherencia del sistema humano que alberga la riqueza.
Una intervención diferente
Se trata de conectarse con la esencia del ser para reparar. Abordar las fuerzas invisibles que configuran la toma de decisiones, la capacidad de liderazgo, los resultados de salud, las relaciones, la colaboración, la visión unificada y la administración intergeneracional.
Las familias empresarias suelen llegar a esto no por elección, sino por necesidad, después de probar toda la lógica, los raciocinios, las humanidades y demás estrategias e intervenciones modernas, y aun así obtener que los mismos patrones se repitan. Solo entonces reconocen que algo más profundo ya no está en equilibrio, más allá del plano físico, y están preparados para reconocer las causas fundamentales del desequilibrio en el ser.
Para quienes estén dispuestos a mirar más allá de la estructura y la estrategia, esto representa un orden de intervención diferente: uno que no reemplaza la experiencia legal, financiera o de gobernanza, sino que la complementa, abordando las dimensiones humanas y espirituales que esos sistemas nunca fueron diseñados para albergar.
Y para las familias donde los enfoques convencionales han llegado a su límite, puede ser la pieza faltante que finalmente permita que la continuidad vuelva a ser posible.
Trabajo
AYUDO A DUEÑOS E HIJOS DE EMPRESAS FAMILIARES A ROMPER PARADIGMAS SIN ARRUINAR LA RELACIÓN FAMILIAR CON UNA METODOLOGÍA QUE PERMITE AVANZAR CON EL LEGADO: “FAMILIA, PATRIMONIO Y NEGOCIO”
El trabajo integra estructuración empresarial, liderazgo consciente basado en principios bíblicos y administración. Con experiencia como fundador, ejecutivo y asesor desde 2016, trabajo con empresas familiares para estructurar las bases sólidas sobre las que se construye riqueza sostenible, liderazgo con propósito y legado.
Apoyo la sucesión, profesionalización y continuidad, abordando las dimensiones humanas, relacionales y estructurales, integrando estructuras de gobierno con valores familiares, respetando la identidad y visión de largo plazo de cada familia.
La realidad de las empresas familiares: El 70 % de las empresas familiares no sobrevive a la segunda generación, y el 90 % no llega a la tercera. Quedan dos caminos: esperar a ver si estarán entre los pocos afortunados o comprometerse a hacer algo fundamentalmente diferente. Los nuevos resultados solo surgen cuando se adoptan conscientemente nuevos comportamientos, nuevas estructuras y nuevos niveles de responsabilidad.
La diferencia | Estructurar las Tres Esferas:
LA FAMILIA: Creamos espacios para mantener la unidad, transmitir valores y educar a nuevas generaciones. Gestionamos relaciones desde la verdad y el amor, mediamos conflictos y fortalecemos el sentido de pertenencia. Es legado, es mayordomía.
EL NEGOCIO: Profesionalizamos la gestión separando decisiones estratégicas de emociones familiares. Implementamos estructuras de gobierno, estrategias de marketing y crecimiento que aseguran competitividad, rentabilidad y sostenibilidad con visión de largo plazo.
EL PATRIMONIO: Protegemos y hacemos crecer la riqueza familiar. Diseñamos estrategias para blindar activos, optimizar inversiones y facilitar la sucesión patrimonial de manera ordenada, entendiendo que somos administradores.
Mi camino y compromiso: Fundé Estructurando en 2016. En 2026 nos levantamos de un proceso de insolvencia, más fuertes y enfocados. Esa experiencia me enseñó que las estructuras y el quiebre de cintura son fundamentales.
Como padre desde 2020, he vivido lo que es separar para alinear las tres esferas; no es teoría académica.
Trabajo para empresas familiares y familias empresarias que reconocen que necesitan más que buena voluntad, están dispuestas a estructurar antes de que sea tarde, valoran tanto la rentabilidad como las relaciones y entienden que el liderazgo generacional requiere humildad, claridad y decisión.